El calabacín es, grosso modo, un 95 % de agua. Si lo laminas crudo, lo sales un poco y lo apilas entre placas de lasaña “como si fueran pasta”, lo que te llega a la mesa no es lasaña: es un charco, unas láminas blandas y un relleno que no cuaja. Esta lasaña de calabacín y carne va al revés. Pochamos el calabacín hasta que suelta buena parte de esa agua, trituramos la mitad en la bechamel con albahaca y ralladura de limón, y sí: lleva placas de pasta de verdad. Carne picada dorada, mozzarella fresca y un gratinado de parmesano. Es lasaña de calabacín y carne, no un truco light disfrazado.
Nota: la receta completa, incluidas las cantidades de los ingredientes, se puede encontrar en la parte inferior de esta página. Simplemente ve hacia abajo o haz clic en el botón «Salta a la Receta» que encontrarás arriba del todo de esta publicación.


Índice


Qué es Esta Lasaña de Calabacín (y qué no es)
Si buscas “lasaña de calabacín” en Google, casi todo el mundo usa el calabacín en lugar de las placas. Tiene sentido: menos harina, menos tiempo, receta de verano. Esta no es esa receta.
Aquí el calabacín como relleno y las capas continúan siendo de pasta. El resultado es más cercano a una lasaña clásica —capas, bechamel, queso fundido, borde crujiente— pero con mucho más verdura de la que suele llevar una boloñesa de libro. Si lo que quieres es la versión sin pasta, te dejo cómo adaptarla más abajo, no es el mismo plato y no voy a venderlo como si lo fuera, pero también está muy rico.
Lo que sí te prometo es que no queda aguada. El truco no es “escurrir el calabacín 40 minutos con sal y un peso” (que también funciona, pero es un rollo y te deja el vegetal más soso). El truco es cocinarlo hasta que pierde agua y aprovechar esa verdura ya seca en dos texturas: trozos en las capas y una emulsión fina dentro de la bechamel.


Notas sobre los Ingredientes para Esta Receta de Lasaña de Calabacín y Carne
Al final tienes la receta detallada de esta lasaña de calabacín con las cantidades y paso a paso, pero como siempre aquí te dejo el porqué de cada cosa, que es lo que luego te salva cuando no se tiene exactamente lo que pone la lista o para que puedas adaptarla al gusto :).
Para el relleno de verduras y carne
- Carne picada: yo uso cerdo porque tiene suficiente grasa para dorarse bien y queda jugosa, pero puedes sustituirla por ternera, pollo, pavo, butifarra o salchicha sin problema. Y si quieres hacerla vegetariana, simplemente omite la carne: el calabacín y el puerro tienen suficiente protagonismo para que la lasaña siga estando muy rica.
- Calabacín: lo uso con piel porque ayuda a que mantenga mejor la forma y además aporta color. Lo importante aquí es el grosor: si lo cortas demasiado fino se deshace y si lo haces demasiado grueso le costará más pocharse. Busca unas rodajas tirando a finas y, sobre todo, bastante uniformes.
- Puerro: me gusta porque aporta un punto dulce y suave que funciona muy bien con el calabacín. Puedes sustituirlo por cebolla o chalota, y si te gusta, añadir un poco de ajo al sofrito.
- Albahaca: aquí sí que recomiendo no saltársela. La trituro con parte del sofrito dentro de la bechamel, en lugar de añadirla al final. Así queda integrada en la salsa y aporta muchísimo aroma. Si no tienes albahaca fresca, puedes usar un poco de pesto, aunque el resultado será algo diferente.
- Aceite de oliva virgen extra y sal: los uso tanto para cocinar la carne como para pochar las verduras. Como siempre, la cantidad de sal dependerá también de los quesos que uses al final, así que mejor ir ajustando sobre la marcha.


Para la bechamel
- Mantequilla y harina: son la base de la bechamel. Cocino la harina unos minutos con la mantequilla, pero sin dejar que coja color. Queremos una bechamel suave y cremosa que acompañe al calabacín, no una salsa con sabor tostado.
- Leche: prefiero usar leche entera porque da una bechamel más cremosa, pero puedes usar semidesnatada si es la que tienes en casa. Lo importante es incorporarla poco a poco y remover con unas varillas para que quede fina y sin grumos.
- Limón: solo uso la ralladura y la añado al final. Parece un detalle pequeño, pero cambia mucho la salsa: aporta frescura y corta un poco la sensación grasa de la bechamel y la carne. Ralla únicamente la parte amarilla, evitando la parte blanca porque amarga. Si no tienes limón, puedes omitirlo, pero yo no lo haría si puedes evitarlo.
- Sal y pimienta negra: mejor ajustar el punto al final, cuando la bechamel ya lleva el calabacín y la albahaca triturados. Ahí es cuando realmente puedes valorar cómo está de sabor.


Para montar la lasaña
- Placas de lasaña: aunque el paquete indique que no necesitan precocción, en esta receta yo sí las cuezo antes de montar la lasaña. El relleno no tiene tanta humedad como una boloñesa de tomate y prefiero asegurarme de que las placas quedan perfectamente cocidas y que la lasaña no queda como un mazacote seco. Si utilizas placas frescas, este paso no sería crítico.
- Mozzarella fresca: me gusta usarla desmenuzada con las manos para que quede repartida de forma irregular por toda la superficie. Si viene en mucho suero, escúrrela bien antes de usarla para no añadir agua de más a la lasaña.
- Parmesano: es mi opción favorita para terminar porque gratina muy bien y deja una capa dorada increíble. Puedes sustituirlo por Grana Padano, Manchego curado, Comté o Gruyère. Si buscas un gratinado más fundente, el Gruyère funciona especialmente bien.


Cómo Hacer Lasaña de Calabacín
Esta lasaña de calabacín no tiene mucho misterio, pero sí tiene una cosa importante: el orden. Si vas haciendo cada cosa cuando terminas la anterior, se te puede hacer eterna. En cambio, si aprovechas los tiempos muertos, mientras se cocina el calabacín haces la bechamel y mientras cuecen las placas vas preparando todo para montar. Así, en aproximadamente una hora la tienes lista.
Para el relleno, empiezo por la carne porque quiero que se dore bien. Una vez lista, la retiro y aprovecho la misma cazuela para cocinar el puerro y el calabacín.




Aquí está una de las claves de la receta: el calabacín tiene que perder bastante agua, pero sin llegar a deshacerse. Lo queremos tierno y jugoso, pero todavía con cuerpo. Y mientras el calabacín se va haciendo, aprovecho ese tiempo para preparar la bechamel.




La bechamel la hago de la forma clásica, con mantequilla, harina y leche, pero hay que dejarla un poco más ligera de lo que haríamos, por ejemplo, para unas croquetas. Cuando está lista, incorporo la mitad del sofrito de calabacín y puerro junto con la albahaca y lo trituro todo. Esto hace que la salsa tenga muchísimo más sabor y, además, ayuda a que todas las capas de la lasaña queden bien ligadas. Termino con ralladura de limón, que aporta ese punto fresco que hace que la bechamel no resulte pesada.






Mientras tanto, pongo a cocer las placas de lasaña. Aunque algunas indiquen que no necesitan precocción, yo en esta receta prefiero cocerlas antes. El relleno de calabacín no tiene tanta humedad como una boloñesa de tomate y así me aseguro de que la pasta quede perfectamente cocida y la lasaña no termine seca. Una vez cocidas, las paso por agua fría y las dejo sobre unos paños limpios para que no se peguen entre ellas.


Y ya solo queda montar. Una capa fina de bechamel en la base, placas de lasaña, más bechamel y el relleno de carne y verduras. Yo suelo reservar algunas rodajas de calabacín para poner en la última capa porque, además de quedar bonitas, hacen que de un vistazo ya se entienda qué lleva esta lasaña. Terminamos con mozzarella fresca y parmesano y al horno, hasta que esté bien dorada por encima y los bordes empiecen a ponerse crujientes.


Y aquí viene la parte difícil: esperar cinco minutos antes de cortarla. Sé que cuando sale del horno cuesta, pero ese pequeño reposo hace que las capas se asienten y sea mucho más fácil servirla sin que se desmonte. No hace falta esperar media vida: cinco minutos y a la mesa.
Claves para que La Lasaña de Calabacín No Quede Aguada (ni seca)
Hay varias cosas que marcan la diferencia en esta lasaña y, sobre todo, tienen que ver con controlar bien la humedad. El calabacín tiene muchísima agua y aquí queremos aprovechar su sabor, pero no terminar con una lasaña nadando en el plato.
- Yo precuezo siempre las placas, aunque el paquete diga que no hace falta. Esta lasaña no lleva una salsa de tomate muy líquida que vaya a hidratar la pasta durante la cocción. Al haber reducido el agua del calabacín, prefiero cocer las placas antes y así me aseguro de que quedan en su punto.
- La bechamel mejor un poco más fluida de lo normal. Ten en cuenta que espesará tanto al enfriarse como en el horno. Si cuando la terminas ya está muy densa, en la lasaña quedará demasiado pesada. Tiene que caer fácilmente de la cuchara y quedar cremosa, no tener textura de croqueta.
- Corta el calabacín de forma uniforme. Unos 4 mm es un buen grosor para que se haga bien sin deshacerse. Si las rodajas son demasiado gruesas, tardarás mucho más en cocerlas. Si son demasiado finas, acabarán desapareciendo en el relleno.
- No te saltes el reposo. Con cinco minutos fuera del horno es suficiente. Las capas se asientan, la bechamel termina de coger cuerpo y la lasaña se corta mucho mejor.


El Truco de Esta Lasaña de Calabacín y Carne
La gracia está en no poner todo el sofrito directamente en las capas. Divido el puerro y el calabacín en dos: una parte se queda tal cual para encontrar los trocitos de verdura en el relleno y la otra la trituro con la bechamel y la albahaca.
Así conseguimos que el sabor del calabacín esté también en la salsa y que todas las capas queden bien ligadas, pero sin convertir el relleno en una crema ni añadir demasiada humedad.
Y si quieres que quede especialmente bonita, reserva unas rodajas de calabacín para la última capa. Quedan doradas por encima y son un «avance» sobre lo que lleva la lasaña.


Cómo Hacer Esta Lasaña de Calabacín con Antelación
Esta lasaña de calabacín es de esos platos que puedes montar con antelación sin problema, aunque te recomendaría cocinarla cuando la vayas a comer.
Puedes montarla por la mañana o incluso el día anterior, taparla bien y guardarla en la nevera sin hornear. Cuando la vayas a cocinar, sácala unos 20–30 minutos antes para que no entre directamente de la nevera al horno. Así conseguirás que se caliente de forma más uniforme y no tendrás la parte de arriba ya gratinada mientras el centro todavía está frío.
También puedes hornearla con antelación. Déjala enfriar, guárdala en la nevera y al día siguiente solo tendrás que recalentarla. Hazlo a unos 180 ºC y, durante la primera parte, cúbrela con papel de aluminio para que no se reseque. Retíralo al final para que la superficie vuelva a quedar dorada.
Y si quieres congelarla, yo prefiero hacerlo una vez horneada y completamente fría, cortada en porciones para tupper. Guárdala bien tapada y, cuando la quieras comer, descongélala en la nevera y recaliéntala tapada para que mantenga la humedad.


Cómo Conservar la Lasaña que Sobra y Cómo Recalentarla
Si te sobra lasaña, guárdala bien tapada en la nevera y aguanta perfectamente 3–4 días. De hecho, al día siguiente sigue estando buenísima porque los sabores han tenido tiempo de asentarse.
Para recalentarla, tienes varias opciones:
- En el horno, a unos 180 ºC y tapada con papel de aluminio, se calienta de forma más uniforme y la pasta mantiene mejor la textura. Al final puedes destaparla unos minutos para que vuelva a quedar dorada por encima.
- En la sartén (mi opción rápida favorita para 1-2 raciones): Pon la lasaña en una sartén antiadherente a fuego medio-bajo, añade un chorrito de agua por un lateral y tapa. El vapor ayudará a calentarla por dentro sin que se reseque. Cuando esté caliente, destapa y deja que la base se dore un poco si te gusta ese punto crujiente.
- En el microondas: Si vas con prisa, también puedes usar el microondas. Mejor a potencia media y añadiendo por encima un poquito de agua o de bechamel para devolverle algo de humedad.


Preguntas frecuentes
¿Se puede hacer lasaña de calabacín sin pasta?
Sí, aunque entonces estaríamos hablando más de un gratinado de calabacín que de una lasaña propiamente dicha. Puedes omitir las placas, añadir bastante más calabacín (o hacer menos capas, para que el calabacín en cada capa llene toda la superficie haciendo el mismo de capa)y, sobre todo, asegurarte de que está muy bien pochado y ha perdido buena parte de su agua antes de montar.
Puedes hacer las capas con el calabacín, la carne y la bechamel y hornear de la misma forma, aunque probablemente necesitará algún minuto menos. Yo prefiero hacerla con las placas, porque es precisamente lo que hace que esta receta sea una lasaña y no simplemente un gratinado de calabacín.
¿Y puedo hacerla de calabacín y atún?
Sí, pero aquí ya estaríamos cambiando bastante la receta. El atún no necesita dorarse como la carne y, además, puede aportar bastante humedad dependiendo del que uses.
Si quieres hacer esta versión, simplemente omite el paso de dorar la carne, escurre muy bien el atún y añádelo al sofrito de calabacín y puerro cuando ya esté listo, mezclándolo justo antes de montar. Así mantendrá mejor la textura.
¿Puedo hacerla vegetariana?
Sí, y es muy fácil: simplemente omite la carne y haz el resto de la receta igual.
Si quieres que el relleno tenga un poco más de cuerpo, puedes añadir champiñones laminados al sofrito. Otra opción es añadir un poco más de mozzarella.
No necesitas sustituir la carne por ningún sucedáneo. Con el calabacín bien pochado, la bechamel de verduras y los quesos ya tienes una lasaña vegetariana bien completa.
¿Puedo hacer esta lasaña en air fryer?
Con estas cantidades, no te lo recomiendo porque la fuente no suele caber y el aire caliente hará que la superficie se dore mucho antes de que el centro esté caliente.
Si quieres hacerla en air fryer, mejor preparar porciones individuales en recipientes pequeños, reducir un poco la temperatura y vigilarla a partir de los 12–15 minutos. Para una lasaña grande, horno.
¿Por qué me queda la bechamel con grumos?
Normalmente pasa por dos motivos: añadir la leche demasiado rápido o tener el fuego demasiado alto.
Para evitarlo, añade la leche poco a poco y remueve constantemente con unas varillas, sobre todo al principio, cuando la mezcla está más espesa. No hace falta que la leche esté hirviendo, a temperatura ambiente o ligeramente templada funciona perfectamente.
Y si igualmente te salen grumos no te preocupes porque la vamos a triturar con el sofrito y la albahaca ;).
¿Puedo usar placas de lasaña frescas?
Sí, sin problema. Al ser más finas y tiernas suelen necesitar menos tiempo de pre-cocción que las placas secas, así que sigue las indicaciones del paquete y, si hace falta, reduce un poco el tiempo de cocción.
Después pásalas igualmente por agua fría y déjalas sobre un paño limpio para poder manipularlas y montar la lasaña sin que se peguen entre ellas.
¿Puedo hacerla sin bechamel?
Poder, puedes, pero yo no quitaría la bechamel de esta receta. No está solo para aportar cremosidad: también ayuda a ligar las capas y aporta la humedad que necesitamos después de haber cocinado bien el calabacín.
Si quieres hacerla sin bechamel, tendrás que sustituirla por otra salsa que aporte humedad, como una salsa de tomate. Lo que no haría es sustituirla simplemente por nata, porque el resultado será bastante diferente y no ligará las capas de la misma manera (la nata se cortará).


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Vídeo Receta
La receta detallada en formato imprimible la tienes justo debajo.
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Lasaña de Calabacín
Utensilios
- 1 fuente rectangular de 23 x 32 cm
Ingredientes
Para el relleno
- 500 g de carne de cerdo picada - puedes usar de ternera, de pollo, butifarra o salchicha. Si quieres también puedes omitirla para una versión vegetariana
- 1150 g de calabacín - unos 3 calabacines medianos
- 1 puerro
- 1 puñado generoso de hojas de albahaca
- Sal
- Aceite de oliva virgen extra
Para la bechamel
- 70 g de mantequilla
- 60 g de harina
- 1 L de leche entera
- 1 limón
- Sal
- Pimienta negra
Para montar la lasaña
- 500 g de placas para lasaña - encuentro que para esta lasaña, aunque las placas sean de las que dicen que no necesitan cocción, hace falta una precocción para que la pasta quede bien cocinada y el relleno no quede seco
- 250 g de mozzarella fresca
- Parmesano - cantidad al gusto. Puedes usar un queso curado tipo Manchego, grana padano o incluso cheddar, comté o gruyère.
Instrucciones
Prepara las hortalizas
- Limpia el puerro retirando la raíz y la parte verde más oscura, dejando solo la parte blanca y verde clara. Ábrelo por la mitad a lo largo y lávalo bien bajo el grifo, separando las capas con los dedos para retirar cualquier resto de tierra. Sécalo y láminalo. Reserva.
- Lava los calabacines, corta los extremos y, sin pelarlos, córtalos en rodajas de aproximadamente unos 4 mm. Puedes usar una mandolina, tenemos que intentar que el grosor sea uniforme.
Cocina el relleno
- Pon una cazuela amplia a fuego medio-alto con un chorro generoso de aceite de oliva virgen extra. Una vez caliente, añade la carne picada, salpimenta y extiéndela. Primero no la toques hasta que la base se dore, luego remuévela desmenuzándola con una espátula hasta que se termine de dorar. Retírala a un plato y reserva.
- En la misma cazuela, si hace falta añade un chorrito más de aceite, añade el puerro con una pizca de sal y cocina unos minutos hasta que empiece a ablandarse. Añade el calabacín, sala y cocina a fuego medio hasta que esté tierno y haya perdido buena parte de su agua, pero sin que haya perdido por completo su cuerpo, que esté blando pero mantenga la forma. Mientras el calabacín se pocha, puedes ir preparando la bechamel.
Prepara la bechamel
- Pon la mantequilla en un cazo a fuego medio y, cuando se haya derretido, añade la harina de golpe. Remueve con unas varillas y cocina durante 1-2 minutos para que la harina pierda su sabor a crudo, pero sin que llegue a coger color.
- Añade la leche poco a poco, primero en pequeñas cantidades y removiendo constantemente con las varillas para integrar bien la mezcla antes de añadir más. Al principio se formará una pasta bastante espesa, pero a medida que incorpores la leche se irá volviendo más líquida. Cuando hayas añadido toda la leche, salpimenta y sigue cocinando a fuego medio, removiendo con frecuencia, hasta que la bechamel espese y tenga una textura cremosa y ligeramente fluida. Ten en cuenta que al enfriarse espesará un poco más, así que para la lasaña no interesa que quede demasiado densa.
- En este punto, el sofrito de puerro y calabacín ya debería de estar listo. Añade la mitad a la bechamel junto a las hojas de albahaca y tritura hasta obtener una mezcla fina. Prueba y ajusta de sal y pimienta. Por último, ralla la piel de un limón y mezcla.
Precocina las placas de lasaña
- Pon una olla grande con abundante agua y sal a hervir. Cuando hierva, añade las placas de lasaña de una en una para que no se peguen y cuécelas siguiendo las indicaciones del paquete (si las ves gruesas, te recomiendo que le añadas 1-2 minutos más). Hazlo en tandas si es necesario para que no se peguen entre ellas.
- Mientras, prepara un bol con agua fría.
- Cuando estén listas, pásalas al bol con agua fría para parar la cocción con la ayuda de una espumadera o araña. Extiende un par de paños limpios sobre la superficie de trabajo y coloca las placas encima de ellos procurando que no se monten unas sobre otras.
Monta la lasaña
- Precalienta el horno a 200ºC.
- Pon una fina capa de bechamel en la base de una fuente y cubre con placas de lasaña. Cúbrelas con una capa de bechamel y añade 1/4 parte del relleno de carne y verduras (yo siempre me reservo unas rodajas de calabacín para poner al final). Repite las capas hasta terminar con una capa de bechamel y las rodajas de calabacín si las habías reservado.
- Reparte por encima la mozzarella fresca desmenuzada y termina con parmesano rallado.
Hornea la lasaña
- Hornea durante unos 20-30 minutos, hasta que la superficie esté dorada.
- Deja reposar 5 minutos para que el relleno cuaje un poco y sirve. ¡A disfrutar!
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Ya la he hecho dos veces y la gente flipa en colores. La proxima vez igual la hago con virutinas de bacon y mas calabacin con puerro.
La bechamel es un sueño sin duda la clave de la lasagna.
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